
Tu presencia consigue provocarme algo que nadie más ha logrado antes. Es un sentimiento extraño. Es como si cada vez que ocurre algo malo, aunque sea una mera discusión, se me encogiera el corazón, y se hiciera cada vez un poquito más pequeño. ¿Por qué será? ¿Miedo a perderte?
De dónde habrás sacado esa seguridad… Tiene que ser innata, pero es increíble que en ningún momento vea síntomas de que vayas a quebrantarte, ni siquiera un poquito. Me encanta. Tienes tanto control sobre lo que está a tu alrededor que, cuando estoy contigo, no siento miedo a nada, porque sé, con total seguridad, que a tu lado estoy a salvo. A salvo de todo. Ya ni siquiera tengo que pensar en el pasado. Tú me has devuelto las ganas de inventar, y me has enseñado, sin querer, la posibilidad de introducir nuevos retos en mi vida.
Que no necesito nada más que verte despertar en mi cama cada mañana, con esos ojos que pugnan con el sol por no abrirse, con esos brazos de acero que me acogen cada noche, con tus piernas, que me envuelven para no dejarme escapar nunca más. Y es que no quiero, no quiero escapar, eres mi momento dulce, mi beso robado, mi caricia furtiva,… mi luz de cada día.
Contigo he vuelto a ser CAPAZ. Capaz de hacer cualquier tipo de locura por estar a tu lado, capaz de bajarte el cielo, e incluso de llevarte más allá de él.
Tu y yo, viviendo el presente, y con miras a un futuro juntas, por siempre… En definitiva,
TÚ Y YO A 710 METROS SOBRE EL CIELO.
No hay comentarios:
Publicar un comentario