sábado, 9 de octubre de 2010

Cautivo de lo negativo


Entrelazo fuertemente mis dedos dentro del bolsillo de mi sudadera y muerdo inconscientemente mi labio inferior. Mis ojos se clavan en algún punto perdido de la ciudad, mientras mis pies caminan en alguna dirección, sabiendo donde quieren ir, pero sabiendo también donde acabarán. El tiempo pasa... y pesa.


Fuerza. Valor. Lo prometí. Sonrío, y sigo caminando. Frío... otra vez esa sensación. Me evado, me olvido, me borro. Todo bien.


Mi momento. Pero no, debí saberlo, mi momento no era este. Me invade, se apodera de mí una y otra vez. Oscuridad. Mis ojos no dan tregua a mi mente y es mi mente la que no me permite descansar. Vueltas y más vueltas. Otra vez ese frío que nunca me abandona. Mi cuerpo reacciona y pide a gritos ahogados acabar con esto. Escalofríos, signo de que la temperatura de mi cuerpo sigue bajando. Cierro los ojos en un nuevo intento de abandonarme al sueño, la única manera de encontrar un mundo a mi medida, pero no será hoy, el insomnio no cesa. Imágenes, palabras, miradas...


Por fin, amanece. Una pausa, un respiro, o eso espero. No pensar, no temblar. Siento que mi cuerpo se halla en estado de espera, pero sin ganas, sin fuerzas. Mi corazón late lento, desacompasado del ritmo positivo que marcaba mi cabeza, si no funciona uno, no funciona el otro.


Quién soy, qué busco, qué quiero...

Siento frío... mucho frío...

Sonríe. Las cosas son así, se trata de seguir.