Puede esto durar? -me pregunté-.Así revivo mi vida pasada, escena por escena. Para siempre, siempre, juré. Después, como de costumbre, caí en la duda. Te cogí la mano. Me dejaste. El descenso a la estación del metro fue como una muerte. Quedamos separados, alejados por todas esas caras, y por el hueco viento que rugiente parecía barrer pelados peñascos. Estuve sentado, con los ojos abiertos, en mi aposento. A las cinco supe que eras infiel. Cogí el teléfono, y el run, run, run, de su estúpida voz en tu vacía habitación golpeaba mi corazón, hundiéndolo, cuando la puerta se abrió, y allí estabas tú. Este fue, entre todos, nuestro más perfecto encuentro. Pero estos encuentros, estas separaciones, acaban destruyéndonos.
Pero si un día no vienes después del desayuno, si un día te veo a través de cualquier espejo buscando, quizá, a otro, si el teléfono suena y suena en tu habitación vacía, entonces, después de indecibles angustias, entonces -porque la locura del corazón humano no tiene límites- buscaré y encontraré un tú como el tuyo. Entretanto, borremos de un golpe el tic-tac del reloj del tiempo. Acércate más.
2 comentarios:
Puffff me ha encantado.
ME seguire pasando,espero que sigas escribiendo.
Gracias! Ya me he pasado por tu blog, está muy bien, espero que tambien sigas escribiendo. Muak!
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